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miércoles, 27 de mayo de 2015

La Sagrada Eucaristía

Fuente: www.es.catholic.net 

Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte
La sagrada comunión es el acto de recibir a Jesucristo, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad, bajo las apariencias de pan y vino.
1. Hay obligación bajo pecado grave, de comulgar una vez al año, y en peligro de muerte.

Dice el Código de Derecho Canónico: «En peligro de muerte, cualquiera que sea la causa de donde ésta proceda, obliga a los fieles el precepto de recibir la Sagrada comunión por Viático»


La obligación de comulgar una vez al año, que antes era por Pascua Florida, el Nuevo Código de Derecho Canónico, lo expresa así en el canon 920:
«Todo fiel, después de la Primera Comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año. Este precepto debe cumplirse durante el Tiempo Pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año».

Este Tiempo Pascual comienza en el Triduo Pascual, el Jueves Santo, y termina con el domingo de Pentecostés.

En España desde 1526 el Cumplimiento Pascual puede cumplirse desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de la Santísima Trinidad
.

Es evidente que quien no haya hecho el Cumplimiento Pascual a su tiempo debe comulgar en otro momento a lo largo del año.

Para un cristiano, comulgar una vez al año es lo mínimo. La Iglesia desea que los cristianos comulguen más a menudo, como lo expresa en el nuevo canon 898: «Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente».

La comunión frecuente puede ser mensual, semanal y mejor aún diaria
. La mejor devoción que podemos tener es la comunión diaria en la Santa Misa.

Comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestro corazón.

Jesucristo, que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no pudo dejarnos cosa mejor.

Aunque no se puede ni comparar, podemos decir que con una comunión ganamos más que si nos toca la lotería. No es exageración. Es una realidad. Y si lo dudamos, es que no tenemos fe.

Si comulgáramos más, estaríamos acumulando un capitalazo para la eternidad. Sin embargo, una pereza increíble nos hace desaprovechar lo más grande y fácil que se nos puede presentar en la vida.

Pero sobre todo, comulgando damos gusto a Jesucristo. Para eso se ha quedado en la Eucaristía.

A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por los hombres. Quiso quedarse para siempre entre nosotros en la Eucaristía, y hacerse pan para unirse a nosotros en la Sagrada Comunión.

Por amor a Él comulga lo más a menudo que puedas. Dice Cristo que quien comulga, vivirá eternamente
.

Pero además, la comunión nos es necesaria porque es el alimento del alma
que la robustece para la lucha de la vida.

Quien no comulga tiene el alma débil, y fácilmente cae en el pecado.

Quien comulga a menudo fortifica el alma y encuentra más fácil la victoria contra el pecado.

La comunión es el mejor medio de vencer las tentaciones porque debilita nuestras malas inclinaciones, aumenta la gracia santificante y nos preserva del pecado mortal
.

Si alguna vez no puedes comulgar sacramentalmente, porque no estás en condiciones, haz al menos una comunión espiritual
.

2. Antes de comulgar, debemos prepararnos
con reverencia, pensando que el que viene a nosotros -pobres pecadores- es nada menos que Jesucristo, Dios, infinitamente poderoso, Creador del Universo; pero que nos ama tanto, que se ha querido quedar con nosotros en el sagrario para que podamos recibirle.

Si sólo pudiéramos comulgar una vez en la vida, ¿cómo nos prepararíamos? El poder comulgar con frecuencia no debe ser causa de rutina.

Al comulgar nos empapamos de Cristo como una esponja se empapa de agua
.

Es más, al comer el Cuerpo de Cristo, el alimento espiritual nos transforma a nosotros, y no nosotros al alimento: como cuando comemos comida material. La idea es de Santo Tomás
. «En la eucaristía, más que transformar a Cristo en nuestra sustancia, es Él quien nos transforma en la suya».

Sería un error privarse de la comunión por un sentimiento exagerado de indignidad propia.

Para comulgar fructíferamente basta estar en gracia de Dios.

No es necesario ser santo, sino que comulgamos frecuentemente para poder serlo.

«La Sagrada Comunión nunca la merecemos, pero siempre la necesitamos» .

Lo mejor es comulgar en medio de la Misa, pero si no puedes oír Misa, al menos comulga.

Los sacerdotes tienen obligación de darla a cualquier hora a todos los fieles que la pidan razonablemente
.

Cuando vayas a comulgar, acércate al comulgatorio con los brazos cruzados en actitud respetuosa.

Cuando el sacerdote vaya a darte la Sagrada Forma, te dirá: El Cuerpo de Cristo. Tú le respondes: Amén, y levantas la cabeza, la echas un poco hacia atrás, abres suficientemente la boca y sacas un poco la lengua por encima del labio inferior para que te deposite en ella a Nuestro Señor.

Es dificilísimo dar la comunión a personas que tienen su cabeza inclinada hacia delante, la boca poco abierta y sin sacar la lengua. Hay peligro de que se caiga la Sagrada Forma.

Después, retírate a tu puesto. Para tragar con facilidad la Sagrada Forma, deja que se humedezca un poco con la saliva.

Si se pega al paladar, despréndela con la lengua.

También puedes recibir la Sagrada Forma en la mano, poniendo la mano izquierda como bandeja y tomando la Sagrada Forma con la derecha.

Después de comulgar debemos darle gracias durante un ratito por beneficio tan grande, y pedirle por todas nuestras necesidades.

Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria, el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad; (...).

Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente
, pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.









martes, 2 de abril de 2013

Fe, Amor y Deseo

Fuente: http://www.fatima.org/span/prayer/jo-pg031.asp

Como es evidente, la Comunión Espiritual asume que tenemos fe en la Presencia Real
de Jesús en el Tabernáculo. Implica que quisiéramos la Comunión Sacramental, y
demanda gratitud por el regalo que nos hace Jesús en este Sacramento.
Todo esto se expresa simple y brevemente en la formula de San Alfonso:

"Creo Jesús Mío que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo
Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro
de mi alma, más ya que no lo puedo hacer en este momento sacramentalmente
ven por lo menos espiritualmente a mi corazón.  Como si ya te hubiese recibido,
yo me abrazo y me uno totalmente a Tí. Nunca, nunca permitas que me separe de Tí.
Amen"

La Comunión Espiritual, como nos enseña Santo Tomás Aquino y San Alfonso Liguori,
producen efectos similares a la Comunión Sacramental, de acuerdo a las disposiciones
con que se hace, la mayor o menor vehemencia con que se desea a Jesús y se le tributa
la atención que merece.

Una ventaja especial de la Comunión Espiritual, es que la podemos hacer tantas
veces como queramos,- aun cientos de veces al día;- cuando queramos,- aun en la noche
avanzada;- y donde queramos,- aún en el desierto, o viajando en un avión.

Bendiciones para el Alma

Fuente: http://www.fatima.org/span/prayer/jo-pg031.asp

En cuanto a bendiciones para el Alma, San Cirilo de Alejandría, Padre y Doctor de la Iglesia, escribió:

"Si el veneno de la vanidad se esta hinchando en ustedes, vuelvan a la Eucaristía; 
y ese Pan, que es su Dios, humillándose y disfrazándose a 
Sí Mismo, les enseñará humildad.

Si la fiebre de la avaricia egoísta los arrasa,
aliméntense con este Pan; y aprenderán generosidad.

Si el viento frío de la codicia los marchita, apúrense al Pan 
de los Angeles; y la caridad vendrá a florecer en su corazón. 

Si sienten la comezón de la intemperancia, nutranse con la Carne y la Sangre de Cristo, quien practicó un auto-control heroico durante su vida en la tierra; y ustedes se volverán temperantes.

Si ustedes son perezosos y tardos para las cosas espirituales, fortalézcanse con este Alimento Celestial; y serán fervorosos.

Finalmente, si se sienten quemados por la fiebre de la impureza, vayan al banquete de los Angeles; y la Carne sin mancha de Cristo los hará puros y castos."




El pan de Vida

Fuente: http://www.fatima.org/span/prayer/jo-pg031.asp

La Comunión diaria es un constante manantial de amor, de fortaleza, de luz, de alegría,
de valor, de toda virtud y todo bien. "Si alguno tiene sed, venga a Mi y beba," (Juan 7:37).
Sólo El es la "Fuente de agua brotante para la Vida Eterna" (Juan 4:14).
¿Cómo puede haber alguien que estando en estado de Gracia Santificante no desee,
o se le haga dificil ir a esta Divina "Mesa del Señor"? (1 Cor. 10:21)

Agua, levadura, cera

Fuente: http://www.fatima.org/span/prayer/jo-pg031.asp

San Cirilo de Alejandría, Padre de la Iglesia, usaba tres ilustraciones para mostrar la unión de amor con Jesús en la Sagrada Comunión: "Quien recibe Comunión, es hecho Santo y Divino en cuerpo y alma, del mismo modo que el agua puesta sobre el fuego, hierve. ... La Comunión obra como la levadura que se mezcia con la harina, haciéndola levantarse ... Igual que derritiendo dos velas juntas se obtiene una sola pieza de cera, así yo creo que uno que recibe la Carne y Sangre de Jesús, se funde con El por esta Comunión, y el alma descubre que uno esta en Cristo, y Cristo esta en uno."

Por esta razón, Santa Gemma Galgani hablaba maravillada de asombro acerca de la Unión Eucarística entre: "Jesús, quien lo es todo, y Gemma quien no es nada." En extasis exclamaba: "¡Qué gran dulzura hay, Oh Jesús, en la Comunión! Yo deseo vivir en Tu abrazo, y morir en Tu abrazo." Y el Beato Contardo Ferrini, escribio: "!Oh, Sagrada Comunión! ¡Alturas indescifrables que el espíritu alcanza! ¿Qué cosa tiene el mundo que iguale estos gozos puros, celestiales, estos sabores de Gloria Eterna?"

Existe en la Sagrada Comunión otro valor que ha merecido nuestras reflexiones, y es en referencia a la Santísima Trinidad. Un día, Santa María Margarita de Pazzi estaba arrodillada con los brazos cruzados, entre las Novicias, después de la Comunión. Elevó sus ojos en direccion al Cielo, y dijo: "Oh Hermanas, si tan sólo pudiéramos comprender el hecho de que mientras que las Especies Eucarísticas permanecen dentro de nosotros, Jesús está ahí, trabajando en nosotros, inseparablemente del Padre y del Espíritu Santo, y por lo tanto, toda la Santa Trinidad esta ahí ..." No pudo terminar de hablar, porque se quedó perdida en el éxtasis.

Oración

Hoy Señor, quiero agradecer por un día más y encomendarte mis pensamientos, mis decisiones y mi vida.
Guárdame de todo mal y háblame siempre que veas que olvido hablarte...

En tus manos coloco la vida de mis hijos y el cuidado de sus almas...
Que permanezcamos unidos ahora y por toda la Eternidad.

A ti, el Amor y la Gloria,

Amén