martes, 19 de mayo de 2015

Oración al Espíritu Santo de San Juan XXIII

Fuente: www.devocionario.com

Espíritu Santo: perfeccciona la obra que Jesús comenzó en mí. 
Mortifica en mí la presunción natural. 

Quiero ser sencillo,
lleno de amor a Dios y constantemente generoso.

Que ninguna fuerza humana me impida hacer honor a mi vocación cristiana. 
Que ningún interés, por descuido mío, vaya contra la justicia.

Que ningún egoísmo reduzca en mí los espacios infinitos del amor. 
Que la efusión de tu Espíritu de amor venga sobre mí, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero.



Oración de San Juan Pablo II al Espíritu Santo

Fuente: www. devocionario.com

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstranos el sentido profundo del gran Jubileo y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa.

Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la Humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu creador, misterioso artífice del Reino, guía la Iglesia con la fuerza de tus santos dones para cruzar con valentía el umbral del nuevo milenio y llevar a las generaciones venideras la luz de la Palabra que salva.

Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación del único Reino de Dios.

Espíritu de consuelo, fuente inagotable de gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados, da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza en los que sufren, acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón, orienta el camino de la ciencia y la técnica al servicio de la vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones. y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos que Tú pones en el curso de la Historia.

Ven, Espíritu de amor y de paz.

A Ti, Espíritu de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo unigénito, alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos.

Amén.


viernes, 15 de mayo de 2015

Proclamando la palabra de Dios

Fuente: http://www.pildorasdefe.net

Un lector escribe: “Quisiera saber si hay indicaciones precisas dictadas por el magisterio o simplemente por la tradición que expliquen cómo se debe comportar un lector durante la misa. Las lecturas del día y los salmos no deben ser leídos, sino anunciados. ¿Podrían hacer un pequeño elenco de los "errores" más comunes? Por ejemplo, a veces oigo decir como conclusión de una lectura "Es palabra de Dios" en lugar de "palabra de Dios". Y también, hay quien pone mucho énfasis en leer, a menudo cambiando fuertemente el tono de voz en los diálogos directos.... Hay quien levanta la mirada a los bancos y quien en cambio nunca alza los ojos y los tiene fijos en el texto. Gracias".

Respuesta: El liturgista Enrico Finotti explica: “La Palabra de Dios en la celebración litúrgica debe ser proclamada con sencillez y autenticidad. El lector, en resumen, debe ser él mismo y proclamar la Palabra sin artificios inútiles. De hecho, una regla importante para la dignidad misma de la liturgia es la de la verdad del signo, que afecta a todo: los ministros, los símbolos, los gestos, los ornamentos y el ambiente”.

Dicho esto, prosigue Finotti, es también necesario solicitar la formación del lector, que se extiende a tres aspectos fundamentales.

1. La formación bíblico-litúrgica

“El lector debe tener al menos un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura: estructura, composición, número y nombre de los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, sus principales géneros literarios (histórico, poético, profético, sapiencial, etc.). Quien sube al ambón debe saberlo que va a hacer y qué tipo de texto va a proclamar.
Además, debe tener una suficiente preparación litúrgica, distinguiendo los ritos y sus partes y sabiendo el significado del propio papel ministerial en el contexto de la liturgia de la palabra. Al lector corresponde no sólo la proclamación de las lecturas bíblicas, sino también la de las intenciones de la oración universal y otras partes que le son señaladas en los diversos ritos litúrgicos”.

2. La preparación técnica

El lector debe saber cómo acceder y estar en el ambón, cómo usar el micrófono, cómo usar el leccionario, cómo pronunciar los diversos nombres y términos bíblicos, de qué modo proclamar los textos, evitando una lectura apagada o demasiado enfática.
Debe tener clara conciencia de que ejerce un ministerio público ante la asamblea litúrgica: su proclamación por tanto debe ser oída por todos. El Verbum Domini con el que termina cada lectura no es una constatación (Esta es la Palabra de Dios), sino una aclamación llena de asombro, que debe suscitar la respuesta agradecida de toda la asamblea (Deo gratias).

3. La formación espiritual

La Iglesia no encarga a actores externos el anuncio de la Palabra de Dios, sino que confía este ministerio a sus fieles, en cuanto que todo servicio a la Iglesia debe proceder de la fe y alimentarla. El lector, por tanto, debe procurar cuidar la vida interior de la Gracia y predisponerse con espíritu de oración y mirada de fe.

Esta dimensión edifica al pueblo cristiano, que ve en el lector un testigo de la Palabra que proclama. Esta, aunque es eficaz por sí misma, adquiere también, de la santidad de quien la transmite, un esplendor singular y un misterioso atractivo.

Del cuidado de la propia vida interior del lector, además que del buen sentido, dependen también la propiedad de sus gestos, de su mirada, del vestido y del peinado. Es evidente que el ministerio del lector implica una vida pública conforme a los mandamientos de Dios y las leyes de la Iglesia.

Leer en misa es un honor, no un derecho

Esta triple preparación, debería constituir una iniciación previa a la asunción de los lectores, pero después debería seguir siendo permanente, para que no se relajen las costumbres. Esto vale para los ministros de cualquier grado y orden.

Será finalmente muy útil para él mismo y para la comunidad que todo lector tenga el valor de verificar si siguen estando en él todas estas cualidades, y si disminuyeran, saber renunciar con honradez.

Realizar este ministerio es ciertamente un honor y la en Iglesia siempre se ha considerado así. Sin embargo, concluye, no se puede acceder a él a toda cosa, ni debe ser considerado un derecho, sino un servicio en pro de la asamblea litúrgica, que no puede ser ejercido sin las debidas habilitaciones, por el honor de Dios, el respeto a Su pueblo y la eficacia misma de la liturgia.





 









 






 

 

 



 





 

miércoles, 13 de mayo de 2015

13 de Mayo

Hoy 13 de mayo, recordamos a la Santísima Virgen María en su venida a la tierra.
Su aparición ocurrió en Cova de Iría, un paraje despoblado a 3 km de Fátima, Portugal.

La Madre descendió del cielo para pedirnos que recemos el Rosario todos los días;
que hagamos oración y sacrificios por la conversión de los pecadores, pues muchos se condenan porque no hay nadie que rece por ellos!!
También pidió la comunión de los primeros sábados en desagravio y reparación por los numerosos pecados del mundo.

María, la Madre de Cristo Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, Madre nuestra, Tabernáculo de Amor perfecto y puro, vino del cielo para salvar nuestras almas: para ser conducidos al Reino de los cielos, cuando nuestro día se haya cumplido.
Vino para decirnos que debemos rezar por todos nuestros hermanos; que la vida no es interesarnos únicamente por nosotros mismos o por nuestros seres queridos. Que debemos incluir a los que viven lejos, a los que sufren lejos, a los que quizás nunca y de hecho jamás conoceremos.
Que es nuestro deber de cristianos hacer sacrificios por la conversión de los pecadores, aún de los más terribles, por muy grave o cruel que sea lo que hayan cometido.

Estamos seguros de ir al cielo?...
Pues, el combate espiritual durará mientras estemos dentro de nuestros cuerpos.
El Señor dijo: "Velen y oren porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
Jamás estés seguro! Y jamás estarás tan seguro como en los brazos de Jesús y María!!

Benditos Lucía, Jacinta y Francisco!!!
Benditos sus ojos! Y benditos sus corazones!
Porque en la humildad y sencillez de sus vidas, la Madre los escogió para dar a conocer el deseo de su Santo Corazón al mundo!!!!!



viernes, 8 de mayo de 2015

Jesús

Señor, qué feliz me hace saber que me amas,
que estás aquí, que me miras, que estás pendiente de mí.
Porque si me equivoco me corriges, y más aún me perdonas.
Te amo, Cristo Jesús!!
A pesar de ser Tú el Juez de vivos y muertos, eres ante todo la Misericordia Divina e Infinita!!
Que nos perdona cuando el corazón se nos destroza a pedazos por haberte ofendido, Señor!

Qué podría decir que refleje con justicia el inmenso amor de tu Corazón?...
...Sólo se me ocurre:
Santo! Santo!
Santo es el Señor Dios del Universo!
Llenos están los cielos y la tierra de su Gloria!
Hossana en el cielo! Hossana!
Bendito el que viene en nombre del Señor!!